Llénelo por favor...

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“Me cansa que siempre tengamos que llegar a esto”.- Gregorio balbuceaba entre sollozos y lamentos mientras Irene lo escuchaba con la mirada fija e intentando transmitirle un cariño casi maternal tras cada frase.
Ellos se conocían hace 10 años, y estas instancias no eran algo nuevo para la joven. Sin embargo, las borracheras de Gregorio se hacían cada vez más frecuentes, lo que era un pésimo indicio de su actual relación con una niña que conoció en la universidad. Irene pensaba que la historia acabaría en unos tres días, siendo optimista tal vez durarían hasta el próximo sábado, pero no era capaz de decírselo. Sabía que le partiría el alma, que haría un gran escándalo y le dejaría de hablar. No podía, aun que en el fondo de su corazón lo único que deseaba era que se olvidara de ella. No podía, aun que le temblaban las manos por acariciarle la cara y decirle “no vale la pena”. No podía, aun que ese diario de vida que tanta curiosidad le despierta a Gregorio, estuviera secretamente repleto de fotos de ambos.
“Compadre! Llénelo por favor. Con la de luca estamos bien”.
Las horas pasaban y el ambiente le empezó a incomodar a Irene. Sabía que tendría que llevarse a su amigo de vuelta a casa y acarrearlo por varias cuadras. Un par de sorbos y pensaba si es que valía la pena continuar con el mismo cuento de años. Tres tragos más y se convencía de que tenía que lograr un cambio. Cuatro golpes a la mesa y tomó su decisión: “esta noche será distinta”. La cerveza escurría por la superficie del lugar y Gregorio reclamaba su última de la velada.
“Está bien, tomémosla y nos vamos”.
Los dos se miraban a los ojos, pero poco a poco iban perdiendo la noción de lo que enfocaban. Al rato, sencillamente se veían como manchas multicolores en movimiento, a tal nivel que parecía un espejo empañado lo que ambos tenían en frente. Los unía la misma cerveza que, de última, se convirtió en la primera de cinco más antes de terminar tirados en el suelo.
“¿Está vacío? ¡Pide que te lo llenen!”
Irene se levantó como si esa voz fuera un despertador sonando a las 6 de la mañana y corrió nuevamente a la barra.
“Llénemelo por favor”.- dijo con la boca tan anestesiada que el tipo que atendía logró entenderle sólo por el gesto que hizo con su mano.
“No puedo, se nos acabaron las promociones por hoy. Aparte que ya estamos cerrando”.
En su desesperación por el último trago, no se terminaba de convencer si es que tenía el valor de cumplir su compromiso personal. La joven corrió al baño, abrió la llave hasta dejar el líquido a tope y volvió junto a Gregorio. Lo miró fijamente pero solo pudo divisar una masa echada sobre la mesa.
“Gregorio!”.- gritó con fuerza. “¡Este último sorbo es por ti!”
Tomó el agua tan rápido que sintió un mareo inmediato en su cabeza. Las ganas de vomitar se le subían y bajaban a cada instante, pero la niña aguantaba. Sabía que el valor que no había tenido en 10 años era cosa del pasado. 10 cervezas y era una mujer nueva, enferma y sin tolerancia al alcohol, pero nueva a fin de cuentas. Irene tomó a Gregorio entre sus brazos y besó su mejilla. Con dificultad intentaba apuntar con su boca la de su amigo, pero sus movimientos eran tan torpes que terminaba acertando a los ojos y la nariz. Gregorio parecía estar dormido y entre extraños espasmos de risas y suspiros, ignoraba el hormigueo que le provocaban los besos poco eficaces de su compañera. De pronto, el celular del joven comenzó a sonar. Irene ignoró cualquier intención de Gregorio por contestar, sin embargo, casi por reflejo éste lo hizo. Era su novia, la que le suplicaba una nueva oportunidad para hacer las cosas bien.
“Te amo mi cosita linda” le dijo él con un tono lastimero y casi indescifrable. Al cortar, miró a Irene.
“Gracias amiga, sigues siendo tan afectuosa como siempre. ¿Puedes darme un último abrazo tierno? Como el de antes”.
Pasaron 5 segundos y el cuerpo de Gregorio se desplomó con tal violencia que los pocos presentes en el bar quedaron atónitos observando con horror como yacía en el suelo. La mano de Irene quedó tatuada en una de sus mejillas. Esta vez, la puntería no falló.


we all make mistakes....

parabola

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Apenas podemos recordar que vino antes de este precioso momento. No hay imágenes que retraten lo que pasó en el camino… sólo alucinaciones hechas sonido, calor y piel. Nadie nos lo ordenó: estamos eligiendo estar aquí ahora. Aguanta, quédate dentro. Arranca de a poco la vergüenza y el miedo que cubre cada centímetro de esta cubierta.

Eres parte de esta sagrada realidad, esta sagrada experiencia.
Eligiendo estar aquí dentro.
Vives tú
Vivo yo

Y si miras al interior de estos ojos buscando un mínimo destello, te darás cuenta que soy sólo un cuerpo inerte.
Este cuerpo. Este cuerpo conteniéndome.
Se mi recordatorio aquí de que no estoy solo dentro
Este cuerpo. Este cuerpo conteniéndome.
Sintiéndome eterno
Todo este dolor es una ilusión
pero aquí, tú y yo somos uno

Vaciemos el alma sobre una tierra fértil
Convirtamos nuestro cuerpo en gélida agua y el corazón en el más abrazador fuego
Deja que el aire entre a nuestros pulmones
Giremos sobre la vida
Girando con esta parabola.
Girando, viniendo alrededor cada nueva experiencia.
Reconoce esto como un santo regalo
y celebra esta oportunidad para estar con vida y respirando
Cierra los ojos y déja que suceda

Este cuerpo conteniéndome me recuerda mi mortalidad
Hazme sentir perpetuo con sólo un movimiento.



Abraza este momento. Recuerda. Somos eternos.
Todo este dolor es una ilusion.

Pero incluso delirando somos uno


(letras grises: lyrics parabola)

Cómo deshacerte del tiempo…

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Primero: dejar el reloj en casa y evitar con cautela, todo signo que nos indique tiempo en la ciudad.

Si vas a utilizar una agenda, raya la parte superior de cada hoja con un lápiz permanente, colocando palabras aleatorias de esquina a esquina.

Si tienes esas incomodas franjas de tela que te ayudan a recordar dónde está tu último apunte, recórtalas.

Quema todos los calendarios que tengas a mano y hazte el loco cuando algún vendedor ambulante coloque el nefasto cartoncito de Winnie the Pooh sobre tus piernas al viajar en la micro. “No gracias” y evitarás arriesgarte a darlo vuelta.

Segundo: asegúrate de que tu primer trago del día sea un chocolate con tres cucharadas de azúcar.

No necesitas tensionarte al ver el sol salir tímidamente y una tasa bien caliente relaja tanto como sumergir el cuerpo en agua tibia eternamente.

Un baño de vapor y burbujas hace bien para el alma. (Guarda unos cuadros de chocolate sólido para la jornada).

Tercero: No elijas nunca esperarla donde siempre.

“Donde siempre” es imaginar que las calles que se cruzan son minuteros en un reloj que marcha al ritmo de la gente, que camina como segunderos paso a paso.

Segundos....los de "aquella vez”, esos que tardaste en darte cuenta que llegaría después que ti.

Los que hicieron que apresuradamente tomaras tu bolso y emprendieras camino de regreso.

Los que te jodieron la vida cuando sonó tu teléfono y escuchaste la misma voz de siempre del otro lado, pidiendo tiempo.

Los que te hicieron dudar y mirar el cielo, derramar una lagrima sin sentido y volver arrepentido a ese lugar de siempre.

Los mismos segundos que tardará en darse por enterado de que sigues siendo el mismo, esperando enfadado y tragándote la sensación de alivio y felicidad al ver que llegó.

A la larga, son solo segundos y pero el paso uno al lado del otro.

La culpa la tiene tu pulsera de metal a la que llamas tiempo. Ese calendario guardado en la billetera que rayas cada vez que llega el día esperado.

El tiempo son ambos por igual, abrazándose sin saber quien fue primero ni segundo.

Finalmente: cuando todo oscurezca y veas una densa capa de noche cubrir el cielo, toma una taza de café amargo sin azúcar. Es hora de despertar.

pequeño invierno

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Recuerdo cuando dijiste que
quien primero habla es quien ultimo actúa cuando se trata de nosotros. Fue certero en aquel momento de sucias promesas anestesiadas con la voluntad de soñar un poco (hasta que el globo caiga por efecto de la gravedad, tal como acordamos). El resultado era de esperarse y puedes consultarle a tu espejo roto si alguien te cobrará los siete años de maldición por quebrarlo.


Encuentra la voz de alguien que sepa darte calor, que abra sus ojos y no intente mirar a los tuyos, que escuche entre las paredes de su cerebro, lo que un desesperad
o grito al vacío le tiene que decir. Búscalo, entremedio de sueños florales y la brisa del mar, junto al sol que amas sentir de frente y que encandila tu universo. Por mi parte, esperaré aquí y observaré como pasan las estaciones. El invierno acabará pronto.


(y la lluvia no se llevará lo que cae de tus ojos)