Primero: dejar el reloj en casa y evitar con cautela, todo signo que nos indique tiempo en la ciudad.
Si vas a utilizar una agenda, raya la parte superior de cada hoja con un lápiz permanente, colocando palabras aleatorias de esquina a esquina.
Si tienes esas incomodas franjas de tela que te ayudan a recordar dónde está tu último apunte, recórtalas.
Quema todos los calendarios que tengas a mano y hazte el loco cuando algún vendedor ambulante coloque el nefasto cartoncito de Winnie the Pooh sobre tus piernas al viajar en la micro. “No gracias” y evitarás arriesgarte a darlo vuelta.
Segundo: asegúrate de que tu primer trago del día sea un chocolate con tres cucharadas de azúcar.
No necesitas tensionarte al ver el sol salir tímidamente y una tasa bien caliente relaja tanto como sumergir el cuerpo en agua tibia eternamente.
Un baño de vapor y burbujas hace bien para el alma. (Guarda unos cuadros de chocolate sólido para la jornada).
Tercero: No elijas nunca esperarla donde siempre.
“Donde siempre” es imaginar que las calles que se cruzan son minuteros en un reloj que marcha al ritmo de la gente, que camina como segunderos paso a paso.
Segundos....los de "aquella vez”, esos que tardaste en darte cuenta que llegaría después que ti.
Los que hicieron que apresuradamente tomaras tu bolso y emprendieras camino de regreso.
Los que te jodieron la vida cuando sonó tu teléfono y escuchaste la misma voz de siempre del otro lado, pidiendo tiempo.
Los que te hicieron dudar y mirar el cielo, derramar una lagrima sin sentido y volver arrepentido a ese lugar de siempre.
Los mismos segundos que tardará en darse por enterado de que sigues siendo el mismo, esperando enfadado y tragándote la sensación de alivio y felicidad al ver que llegó.
A la larga, son solo segundos y pero el paso uno al lado del otro.
La culpa la tiene tu pulsera de metal a la que llamas tiempo. Ese calendario guardado en la billetera que rayas cada vez que llega el día esperado.
El tiempo son ambos por igual, abrazándose sin saber quien fue primero ni segundo.
Finalmente: cuando todo oscurezca y veas una densa capa de noche cubrir el cielo, toma una taza de café amargo sin azúcar. Es hora de despertar.
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